sábado, 4 de mayo de 2019

La única historia

     «¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? Creo que, en definitiva, esa es la única cuestión».
     La pregunta no es baladí. Amar es arriesgado, como bien nos han demostrado a lo largo de los siglos la literatura y la vida. Sin embargo, no hay quien se pueda sustraer a su poder, a la emoción de querer y ser querido, de sentirse elevado por el amor, pese a que muchas veces la caída haga recelar de sus virtudes y anestesie el corazón para afrontar relaciones futuras.  
     «¿Quién puede controlar cuánto ama? Si se puede controlar, entonces no es amor. No sé cómo podemos llamarlo, pero no es amor».  
      Con estas cuestiones se inicia La única historia (Anagrama, 2019), la novela más reciente de Julian Barnes (Leicester, 1946). El autor británico, que ya ha sorprendido a sus lectores con sus anteriores obras (Metrolandia, El loro de Flaubert, Hablando del asunto, El sentido del final o Nada que temer, entre otras), desarrolla uno de los temas más recurrentes de la literatura: el amor. Pero no lo hace desde una perspectiva romántica o melosa, sino que se trata del análisis, de la reflexión, de un narrador en primera persona que relata sin tapujos su única historia de amor.
     Desde la primera página del libro nos explica esta idea: «La mayoría de nosotros solo tiene una historia que contar. No quiero decir que solo nos suceda una vez en la vida: hay incontables sucesos que convertimos en incontables historias. Pero solo hay una que importa, solo una que a la postre vale la pena contar. La que cuento aquí es la mía». 
      Paul rememora muchos años después una experiencia de juventud que marcó su vida. Era un estudiante universitario de diecinueve años cuando conoció a Susan Macleod, una mujer casada de cuarenta y ocho cuyas hijas lo superaban a él en edad. Si ahora mismo una relación de ese tipo sería llamativa, en los años sesenta resultaba escandalosa. No solo los padres del muchacho se resisten a aceptarlo, sino que sufren el rechazo de la sociedad que los rodea. Una relación, que en principio parecía amistosa, cruza la frontera prohibida del amor ilícito. A partir de ese momento, todo serán barreras para la pareja, que se verá obligada a alejarse de su entorno para vivir su romance. 
     Así, la obra está dividida en tres partes, cada una de las cuales nos relata un periodo de esta historia: el surgimiento del amor, el desarrollo de la relación con el paso de los años y el desenlace.
     Con La única historia Barnes nos demuestra que, pese a que la decadencia se adueñe de un vínculo sentimental muy fuerte, este deja marcado al amante de por vida, hasta el punto de que, aunque pueda tener otras relaciones o amores futuros, la huella del principal condicionará los siguientes y nunca se llega a superar. Eso no quiere decir que el afectado no volverá a enamorarse jamás, sino que esa marca permanecerá indeleble en su corazón.
     Quienes huyan de la novela romántica no deben sentir rechazo por esta obra. En ningún caso se trata de un panfleto empalagoso que repita los modelos de Danille Steel, Victoria Holt o Corín Tellado. Se trata de una mirada aséptica sobre el único amor que marca inevitablemente nuestras vidas.

      

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