domingo, 3 de octubre de 2021

Por un puñado de escudos

El calor de septiembre penetra a través de las paredes acompañado por el incesante ruido de los preparativos del viaje. Se escucha amortiguado el trajín de carros, cascos de equinos y órdenes. El tiempo se acaba y, tras las rejas, poco se puede hacer salvo esperar.

Ya no es un joven optimista como el que marchó a Italia en busca de refugio y aventuras. La edad y la añoranza pesan sobre sus hombros sin que nada relevante deje huella de su paso por la vida. Algunos versos, una mano tullida como premio al ardor guerrero y cinco años de cautiverio rellenan su breve biografía.

¿Su familia, modesta, podrá pagar su rescate como hizo con su hermano? Sus cartas de recomendación le han salvado la vida durante un lustro, pero ahora entorpecen su libertad. ¡Quinientos ducados! Es un precio demasiado alto para cualquiera.

Un carcelero le susurra que unos monjes trinitarios están rescatando cristianos y que han preguntado por su caso. El corazón pugna por salir de su pecho. Su libertad tintinea en una bolsa.

El día 19 expira el plazo. Desde una galera el cautivo observa ansioso el puerto. Ve movimiento de cogullas blancas aproximarse a la nave. Los grilletes y cadenas no le permiten acercarse más. Fray Juan Gil saca una bolsa y muestra su contenido a los captores, pero estos niegan con la cabeza. La escala desaparece y la flota de Azán Bajá abandona lentamente el puerto de Argel rumbo a Constantinopla con un Miguel de Cervantes que se diluirá en el anonimato de la historia.

#HistoriasdelaHistoria



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