lunes, 13 de julio de 2026

Odisea

«Musa, dime del hábil varón que en su largo extravío,
tras haber arrasado el alcázar sagrado de Troya,
conoció las ciudades y el genio de innúmeras gentes».
    Con esa invocación a la musa, como sucede en la Ilíada, da comienzo la Odisea, poema épico que narra el retorno de Odiseo (Ulises en su traducción latina) a Ítaca tras la guerra de Troya.
    La mayoría de los que mientan esta obra no la ha leído, así que repasemos los elementos que la componen para poder hablar con propiedad. 
    Tal vez sea esta la historia más conocida de la literatura universal y la que más ha inspirado a autores posteriores, pero no está exenta de dudas y polémicas, como la conocida «cuestión homérica», relacionada con la autoría del poema. Tradicionalmente atribuido a Homero, poeta ciego que vivió durante el siglo VIII a.C., no pocas voces cuestionan la existencia real de este aedo, cuya biografía es difusa, a la vez que plantean la posibilidad de que varias manos redactaran el texto procedente de la tradición oral.
    Compuesta en hexámetros dactílicos, el poema está formado por 12.110 versos divididos en veinticuatro cantos. El canto más largo es el IV, con 847 versos, y el más breve, el VI, con 331.
    Odiseo ha permanecido lejos de su hogar durante veinte años; la primera década participó en la guerra de Troya relatada en la Ilíada, mientras que la segunda narra el regreso del héroe a su tierra natal, Ítaca, y las aventuras en las que se ve envuelto. 
    La obra empieza con un narrador externo en tercera persona que invoca a la musa en el primer canto para que lo inspire y le dé voz al contar las aventuras del protagonista. Tras un breve resumen en la primera estrofa, la obra se inicia in medias res, pues Odiseo lleva siete años retenido por la ninfa Calipso en su isla, ya que esta se ha encaprichado por él. El continuo lamento del héroe, que llora su desventura y desea volver a casa con su esposa Penélope, conmueve a los dioses y hace que Atenea, su protectora, interceda ante Zeus para que lo liberen y pueda llegar a su hogar. Mientras Hermes traslada la orden de Zeus a Calipso, Atenea se dirige a Ítaca, bajo apariencia humana, e insta a Telémaco, el hijo de Odiseo, para que investigue sobre el paradero de su padre. La situación en el palacio es insostenible, un centenar de pretendientes asedian a Penélope para que contraiga matrimonio con alguno de ellos mientras devoran la hacienda del desaparecido y añorado esposo. La excusa de tejer el sudario de su suegro Laertes, cuyo trabajo deshace por la noche, ya ha sido descubierta y apremian su decisión.
    En el segundo canto, Telémaco parte en busca de noticias sin avisar a su madre para evitar despertar sospechas entre los pretendientes. En el canto tercero el joven arriba a las tierras de Menelao, quien, junto a Helena, lo recibe y le da noticias de su progenitor y su retención en la isla de Calipso. Mientras Telémaco permanece en el palacio de Menelao, en el canto IV los pretendientes de Penélope, quienes han averiguado que el muchacho viajó de Ítaca hacia Pilos, deciden preparar una emboscada para acabar con él a su vuelta.
    En el canto V Calipso recibe la orden de los dioses y, en contra de su voluntad, se ve obligada a liberar a Odiseo y proveerlo para que construya una balsa con la que abandona la isla. Tras dieciocho días de navegación, Poseidón, que detesta al de Ítaca, desata una tempestad que desbarata la embarcación, a pesar de lo cual logra salvar su vida a nado y alcanza la tierra. En el canto VI, gracias a Atenea, el héroe es auxiliado por Nausíaca y sus sirvientas, quien lo anima a que pida ayuda a su padre Alcínoo. Será recibido por este en su palacio en el siguiente canto, donde lo agasajan y se le ofrecen los medios para que retorne a su patria. El en octavo canto se desarrollan unos festejos deportivos, en los que compite con los jóvenes del lugar que lo juzgan y hacen burla de él. Al demostrar su fortaleza y valía, se le cuestiona su identidad, que el héroe revelará en el canto IX, donde inicia el relato en primera persona de sus aventuras desde su salida de Troya: la lucha con los Cícones, el país de los Lotófagos y el riesgo de perder la memoria y la aventura del cíclope Polifemo y sus ovejas donde la astucia vence a la fuerza. En el siguiente canto continúa el relato en la mansión de Eolo, de quien recibe el odre de los vientos que desatarán nuevas desventuras cuando ya avistaban Ítaca, su paso por la isla de los Lestrígonos, que hunden sus naves, salvo una en la que logran huir; su llegada a Eea, donde la hechicera Circe convierte a la mitad de su tripulación en cerdos, a los que logra salvar gracias a la ayuda de Hermes. Circe anima al Odiseo en el canto XI para que visite la mansión de Hades y consulte con el adivino Tiresias cómo será su regreso, quien lo advierte de que se cuide de la isla del Sol; en este lugar conversa también con otras sombras, como la de su madre, que murió de pena por su ausencia, o la de Aquiles, con quien recuerda los combates troyanos. En el siguiente canto, narra cómo retornan a la isla de Circe, quien lo advierte de los peligros del viaje y qué debe hacer para evitarlos. En su navegación, escucha el canto de las Sirenas sin naufragar, salvan el paso entre Caribdis y Escila, pero no siguen la advertencias de Tiresias de evitar la isla del Sol y la gula de sus compañeros acaba con ellos. Solo y a la deriva, Odiseo llega a la isla de Calipso, donde siete años después comienza el poema.
    Al término del relato, Alcínoo decide ayudar al héroe en el canto XIII y es llevado en un barco a Ítaca, en cuyas costas es dejado por los feacios mientras Odiseo duerme. Cuando despierta está desorientado hasta que Atenea lo ayuda, pero encubre su imagen bajo la apariencia de un viejo mendigo. En el siguiente canto se dirige hacia la morada de Eumeo, el porquerizo que mejor cuidaba sus bienes, quien, pese a no reconocerlo, lo auxilia y le relata las dificultades en las que se hallan en palacio. Mientras, Atenea advierte a Telémaco de que, pese a que se prepara una emboscada a su regreso, debe volver. En el canto XV el hijo retorna a su tierra y en el XVI se detiene en la choza de Eumeo, donde se encuentra con su padre, quien le revela solo a él su identidad y ambos traman la venganza contra los pretendientes de Penélope. En el siguiente canto, Odiseo se presenta en su propio palacio con la apariencia de mendigo, por lo que recibirá insultos y agresiones de los intrusos. En el canto XIX, Penélope llora su desgracia tras el regreso de su hijo, por cuya vida teme, y, mientras los pretendientes celebran una cena en su palacio, ella idea someterlos a la prueba del arco; además, charla con el recién llegado, de quien le han dicho trae noticias de su esposo, sin reconocerlo. La noche transita en el siguiente canto mientras padre e hijo preparan su venganza. Euriclea, su antigua ama, lava al mendigo y reconoce en él al niño que crio al palpar una cicatriz de su infancia. 
    En el vigésimo canto ha llegado la mañana y se reanuda el banquete entre comentarios insolentes. Sin embargo, en el siguiente canto Penélope pone a prueba a sus pretendientes, quienes deben tensar el arco de su esposo, mas ninguno de ellos es capaz, salvo el mísero mendigo. Se pone en marcha entonces la venganza tramada, se cierran las puertas de la sala y quedan los hombres retenidos en ese espacio. En el canto XII Odiseo, ayudado por su hijo, Eumeo, Melantio y Atenea, delata su identidad al lanzar flechas mortales a sus adversarios, quienes no pueden huir del fin que les espera bajo las armas. Tras acabar con ellos, obliga a las sirvientas que tracionaron a Penélope a sacar los cadáveres y limpiar la sala, para luego ser asesinadas. En el canto posterior Euriclea anuncia a Penélope el regreso de su esposo y la muerte de sus pretendientes. Ella se resiste a creerlo cuando lo ve y se disculpa por no haberlo reconocido antes. Odiseo teme represalias por la matanza y las contrarresta con celebraciones. 
    En el último canto, el héroe visita a su anciano padre Laertes, quien, retirado en una huerta, tarda en reconocerlo. Se levanta un motín contra Odiseo, pero es reprimido gracias a la ayuda de su protectora, la diosa Atenea.
    Determinar el tiempo interno de la historia es complejo, dadas las diferentes tramas y saltos temporales; sin embargo, se pude cifrar en cuarenta días el periodo que transcurre desde que se inicia la historia en la isla de Calíope hasta que esta concluye con la venganza en Ítaca. Por otra parte, es probable que los sucesos acontecieran en otoño, dada la posición de algunos astros en el cielo durante los viajes.
    Los acontecimientos suceden en el espacio que media entre Troya e Ítaca, ese extenso Mediterráneo, salpicado de otros mares, en el que tantas aventuras vive el héroe en espacios reales y otros producto de la ficción.
    Asimismo, los personajes forman una amalgama de seres en los que se mezclan los humanos con los dioses, ninfas, cíclopes y todo tipo de seres que convierten la historia en mito producto de una tradición cultural en la que conviven unos y otros de forma habitual y en la que los dioses, pese a sus poderes sobrenaturales, se dejan llevar por actitudes tan humanas como el amor, el odio, la venganza o la pena.
    Este poema es, sin duda, una de las historias que sienta las bases de la cultura occidental y que ha sido un referente para la creación literaria posterior a lo largo de los siglos, como sucede con la poesía épica medieval. Las peripecias del héroe que lucha contra la adversidad hasta alcanzar su fin no ha dejado de estar presente en la literatura y en otras artes incluso en la actualidad, en la que se sigue interpretando y adaptando el texto homérico con mayor o menor fortuna.








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