sábado, 20 de agosto de 2016

Emeterio, un poeta surrealista

Emeterio Gutiérrez Albelo nació en Icod de los Vinos (Tenerife) el 20 de agosto de 1905.
Su padre, Emeterio Gutiérrez López, era historiador y cronista de la cuidad, además de director de la revista local La Comarca (1919-1923), en la que su hijo publicará sus primeros poemas juveniles. Un ambiente familiar propicio favoreció que el joven Emeterio realizara estudios superiores; estudió bachillerato y Magisterio en La Laguna y ejerció como maestro a lo largo de su vida en distintos puntos de la isla. Durante su etapa de estudiante coincidió con otros jóvenes que en el futuro también destacarían en el mundo de las letras 
      En sus inicios, el joven escritor publica varios poemas en periódicos y revistas de la isla. Colaboró con la revista Hespérides (1926-1929) junto con otros escritores como Domingo Pérez Minik, Pedro García Cabrera o Eduardo Westerdahl.  Sin embargo, su poética sufrirá una evolución al entrar en contacto con La rosa de los vientos, revista de la que solo salieron a la luz cinco números entre 1927 y 1928 y que pretendía reflejar las nuevas tendencias literarias que se estaban desarrollando en Europa. En ella participarán nombres tan importantes en las letras canarias como Juan Manuel Trujillo, Ángel Valbuena Prat, Ernesto Pestana o Agustín Espinosa. La revista sirvió de tránsito entre el decadente modernismo que se había desarrollado en Canarias y la corriente ultraísta, y tuvo como maestros a Góngora, Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez y varios escritores del 27. Esta influencia animó a un cambio en Emeterio, lo que provocó que su primera obra poética, La fuente de Juvencio, escrita en 1925 y que seguía la línea parnasiana y simbolista, fuera retirada de la imprenta por el propio autor, quien consideró que no respondía a las nuevas tendencias literarias que estaban en boga en Europa. Por expreso deseo del poeta aún hoy sigue inédita.
       En 1930 publica Campanario de la primavera, primer poemario en el que se puede rastrear la huella ultraísta y creacionista, además de la evidente influencia de Ramón Gómez de la Serna y sus Greguerías, de Francis Jammes y Juan Ramón Jiménez (a quienes escribe sendos poemas), Rafael Alberti, Antonio Machado o Luis de Góngora, entre otros. En estos poemas Emeterio prioriza la forma, la técnica expresiva, a los temas o contenidos; por ello, buscará el ritmo a través de la palabra, rompiendo incluso los esquemas gramaticales clásicos y empleando extranjerismos para hallar la imagen deseada que transmita la emoción del poeta. Con un estilo fresco, lúdico y juvenil, esta poesía se acerca al estilo mostrado por los jóvenes poetas del 27, aunque solo será un tímido anuncio del estilo rupturista de sus dos libros posteriores.
        En 1933 se observa una notable evolución estética en Romanticismo y cuenta nueva, el siguiente libro publicado por Emeterio a través de la revista literaria Gaceta de Arte, de la que el icodense era editor. Esta revista mensual, fundada en 1932, se editó regularmente en Santa Cruz de Tenerife hasta 1936 (vieron la luz 38 números) bajo la influencia de los movimientos de vanguardia europeos. En Gaceta de Arte, y bajo la dirección de Eduardo Westerdahl, colaboraron Domingo Pérez Minik, Agustín Espinosa, Domingo López Torres y Pedro García Cabrera. Además, esta revista desarrolló una intensa labor editorial publicando libros de diversos poetas, entre ellos dos de Emeterio. Romanticismo y cuenta nueva, compuesto por 41 poemas y cuya  portada fue elaborada por el pintor tinerfeño Óscar Domínguez, supone un acercamiento mayor a la estética surrealista a través del juego de imágenes y metáforas que ya había ensayado en su obra anterior y que en esta se irán acercando a lo onírico.
         Además de su vinculación con diversas publicaciones periódicas de la isla, Gutiérrez Albelo también colabora con revistas peninsulares, como Noroeste, revista editada en Zaragoza, en la que también participaban algunos poetas del grupo del 27.
          En 1936, y de nuevo a través de Gaceta de Arte, se edita Enigma del invitado, considerada la obra cumbre de Emeterio Gutiérrez Albelo, en la que el poeta muestra ya de manera evidente su estrecha vinculación con la estética surrealista a través de imágenes oníricas e inconexas cuyo hilo conductor es el periplo de un personaje por un mundo alucinante y extrañador en el que los objetos cobran vida y las personas son diseccionadas. Este libro, cuyo título es homónimo al de un poema de su libro anterior, fue publicado poco antes de que estallara la Guerra Civil, por lo que su difusión se vio limitada y, debido a su contenido, no pudo ser reeditado durante la dictadura.
        Ese mismo año Emeterio Gutiérrez Albelo contrae matrimonio con Donitila Atienza Fumero, con quien tuvo tres hijas.
          La Guerra Civil española (1936-1939) supuso un punto de inflexión en la poética de Emeterio que no han pasado por alto los estudiosos de su obra. Si antes de la contienda el poeta icodense se sumerge en las nuevas corrientes europeas dejándose llevar por el delirio onírico hasta alcanzar las cimas del surrealismo español, tras el conflicto su poesía se somete a los cánones establecidos por los principios del nacional catolicismo que propugnan los vencedores y que se extenderán durante cuatro décadas. No hay que olvidar, además, que toda expresión cultural va a verse sometida por una doble y férrea censura, tanto política como religiosa, que limitará la libertad expresiva de los artistas. Los críticos coinciden en señalar la escasa calidad de los libros publicados por Emeterio Gutiérrez Albelo a partir de entonces, a los que consideran mediocres y convencionales, pues giran en torno al objeto religioso o al paisaje de la isla con escasos remedos excepcionales de su poética anterior que solo aparecerán de manera esporádica en diarios o revistas. Andrés Sánchez Robayna no entiende “cómo el poeta no optó por el silencio y no aguardó a una más favorable coyuntura cultural en la que sus versos no entrasen en completa contradicción con la obra anterior a 1939”. No obstante, debemos entender la postura del poeta, pues debía adaptarse a la nueva realidad social para sobrevivir a un mundo hostil para la creación poética. Así, en 1944 publica Cristo de Tacoronte, poemario en el que ensalza a esa imagen religiosa y su entorno físico y cultural. Sus siguientes obras serán Los Milagros y Los blancos pies en tierra (1951), Geocanción de España (1964) y Apuntes para una vida de Cristo (1969).
          Durante este periodo de tiempo Emeterio colaboró con la revista Mensaje (1945-1946) y fundó y dirigió la revista Gánigo desde 1953 hasta 1969.
        Emeterio Gutiérrez Albelo falleció en Santa Cruz de Tenerife el 8 de agosto de 1969. Tras la muerte del poeta se publicaron diversos libros que recopilaban sus textos: Antología poética (1969), Poesía última (1970), El rincón de la amistad (1971), Tenerife y el mar (1973) y  Las alas del tiempo (1974). Años después, y una vez se restableció la democracia en España, se reeditaron sus obras de plenitud surrealista, que habían vivido silenciadas durante los años del franquismo.




            

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