domingo, 18 de diciembre de 2016

Madrid. Martes, 18 de diciembre de 1934

      Mi queridísima y siempre llorada Josefina:
      Ayer he recibido tu carta alegre, tu mejor carta, porque en ella te hallo de mejor carácter que en las otras. Únicamente me ha dejado caviloso eso terrible que me dices del traslado de tu padre, si os toca a vosotros por mala suerte. No quiera Dios que eso sea así: no querrá. De todos modos, si sucediera como nosotros no querernos, no por eso dejaría de quererte menos como tú maliciosamente te figuras. Si te quiero más desde que estoy aquí en Madrid, desde que no te veo, ¿cómo podría ser que te olvidara porque te fueras a otro lugar? Allí te seguiría yo, allí me iría detrás de tu sombra, de tus ojos, de tu voz. Es imposible que creas las cosas que me dices. ¿Iba yo a consentir que se encargara de ti la tumba, como me escribes trágicamente, como una novia de melodrama? No. No. NO. NO y NO. No quiero, mi morenica guapa, que pienses y digas esas cosas tan tristes. No hago más que repetirte en cada carta lo mismo. Y tú no haces más que repetírmelas en cada carta tristemente. ¿Por qué, mi nena? ¿No ves que te perjudicas mucho; que te mortificas por nada absolutamente? Me hablas de una manera tan desesperada, que no parece sino que no nos vamos a ver nunca más; como si me hubieras perdido para siempre. Yo comprendo, yo sé por experiencia que es muy doloroso no estar juntos siempre... Hazte cuenta que te dejé anoche en la escalera, subiéndote tú, diciéndote yo adiós desde la puerta grande del Cuartel y que sólo has pasado unas horas sin verme... Que esta noche me verás. Confórmate más, mi vidica mía, que yo hago lo posible y lo imposible por conformarme, y no me conformo, y pienso en ti siempre y estoy deseando verte y oírte y hablarte para que te sosiegues un poco viendo que no te dejo de querer, que soy el mismo de antes, que no cambio.
      Perdóname, Josefinica; te dije en mi carta anterior que iba hoy. He hecho esfuerzos desesperados para cumplirte mi palabra que no te ha engañado nunca. Todo ha sido inútil. No he resuelto aún nada y por tanto, tendré que quedarme aquí hasta el martes que viene. ¡Si tú supieras lo que siento contrariarte de nuevo! ¡Desilusionarte otra vez! ¡Ganas me han dado de montarme en el tren con mi primo, que te dará esta carta, y dejarlo todo abandonado! Pero perdería muchas pesetas, las que llevo gastadas y e volvería a Orihuela con las manos vacías, una sobre otra. Ten un poco de paciencia por mí, morenica buena. No me culpes de nada, que yo no quiero más que el bien y el cariño tuyo y de mis padres. ¡Si vieras lo que me acuerdo de nuestros paseos por a sierra! Yo que quería el domingo estar ya contigo por allí y no poder... ¡qué rabia!
      Espérame para el miércoles que viene, primer día de Navidad, que pase lo que pase, he de gustarlo contigo al lado!
    Sigue queriéndome; no te hartes de quererme, que yo no sé hartarme. Piensa en mí, como yo pienso en ti: lo más felizmente posible.
     Juega con tu hermanica Carmen a todo lo que juegan las niñas buenas y pueriles como tú; habla con ella de mí y te consolarás bastante. ¡Mejor que yo lo pasarás que no tengo con quien hablar de ti si no es conmigo mismo! Pero me consuelo un poco viendo a Paco Díe que está sin ver a su novia ya tres meses, y lo menos mes y medio más que se va a pasar aquí estudiando. El que no se consuela es porque no quiere, o porque es un desconsolado.
     Perdóname, perdóname, perdóname, virgencita mía, novia de mi recuerdo, te repito, si tú crees que he pecado contra ti. No te marchites el rostro con tristezas tontas e inútiles. Consérvalo alegre y apacible, o te pondrás muy fea, muy fea, tú, y yo no te quiero así. 
      Contéstame en cuanto puedas y dime lo que piensas de mí largamente. No te mueras porque no he ido ya, hazme el favor, nena.
      Hasta que no me escribas estaré con el alma en un hilo, queriéndote más y despidiéndome: adiós cariño, adiós, adiós, adiós adiós, adiós, adiós, adiós, adiós, adiós, adiós, adiós, adiós, adiós, adiós. ¡ADIÓS!
MIGUEL
que no te olvidará en la vida
(Dibujo de un corazón con una flecha)


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