Galicia ha sido cuna de grandes poetas, narradores y dramaturgos que han legado a la literatura obras inolvidables. En las orillas del Sar (1866), de Rosalía de Castro, Los pazos de Ulloa (1866-1887), de Emilia Pardo Bazán y las Sonatas (1902-1905) o Luces de Bohemia (1920), de Valle-Inclán son sin duda antecedentes de una de las novelas más importantes del siglo XX en España, Los gozos y las sombras, de Gonzalo Torrente Ballester (Ferrol, 1910-Salamanca, 1999).
La obra, compuesta por tres volúmenes, fue publicada por la editorial Arión de Madrid bajo los títulos El señor llega (1957), Donde da la vuelta el aire (1960) y La Pascua triste (1962).
Ambientada en Pueblanueva del Conde, un pueblo ficticio ubicado en la costa gallega, la historia transcurre a lo largo de dos años, entre 1934 y 1936, y concluye antes del inicio de la Guerra Civil. Aunque tiene como telón de fondo las condiciones sociales y políticas convulsas que concluyeron en el golpe de estado militar, el aislamiento de la localidad y su propia idiosincrasia hacen que el efecto de estos hechos en la trama sea parcial.
El tema principal es el caciquismo que, de ser tradicionalmente ejercido por los nobles, pasa a manos del empresario local, quien impone su criterio gracias a la fuerza del dinero y el poder, por lo que los cambios sociales del nuevo siglo no mejoran la vida de los habitantes del pueblo. Otros temas que destacan son la codicia, los abusos, los conflictos laborales y religiosos y la política.
El señor llega se inicia con el retorno del último de los señores del lugar, Carlos Deza, descendiente de los Churruchaos. Tras diecisiete años ausente para realizar estudios médicos e iniciar su trabajo como psiquiatra en Suiza, regresa a la villa tras el fallecimiento de su madre. Es recibido con inquietud por los habitantes de la villa y con alborozo por doña Mariana, anciana rica que mantiene con firmeza el legado y los privilegios de los Churruchaos y que verá en él un aliado para recuperar el dominio perdido a manos de un nuevo rico, Cayetano Salgado, quien se ha autoerigido nuevo cacique local. Dueño de un astillero en el que emplea a buena parte de los trabajadores del pueblo, aprovecha su poder para abusar de las mujeres y doblegar a los hombres. No obstante, Carlos Deza evita el conflicto, no desea inmiscuirse en las desavenencias locales y pretende marchar del lugar desde que resuelva los trámites de la herencia. Como Hans Castorp en La montaña mágica, sus intenciones se verán frustradas por distintos motivos, se verá envuelto en las discusiones del casino local y los conflictos sociales encabezados por Juan Aldán, descendiente arruinado de los Churruchaos cuyo orgullo lo domina, y sus dos hermanas, Inés y Clara.
El debate social, económico y político, el amor y el deseo sexual colmarán su vida de giros inesperados. El conflicto entre el antiguo poder de la nobleza hereditaria y el nuevo poder de quien maneja los medios de producción permanecerá latente a lo largo de la trama.
Tras la muerte de doña Mariana en Donde el viento da la vuelta, Carlos Deza debe afrontar un testamento peculiar que lo obliga a permanecer en la villa en contra de su voluntad. Por una parte, debe velar por el futuro de los pescadores y la flota, pero, además, debe dar cuenta de él a la principal heredera y sobrina de la difunta, Germaine, quien reside con su padre en París. Mientras, las obras de rehabilitación de la iglesia de los Churruchaos provocan un conflicto entre los religiosos del monasterio y el sacerdote local.
En el tercer tomo, La Pascua triste, Carlos recibe a Germaine, quien no desea cumplir las condiciones del testamento, sino marchar con la mayor cantidad de dinero posible. Se produce entonces el choque entre el materialismo y la pasión, el poder del dinero y del amor. La paz que parecía existir entre Carlos y Cayetano se quebrará a consecuencia de una violación y de la latente inestabilidad política previa al inicio de la Guerra y que determinará el final de la historia.
Los personajes que aparecen en la historia son múltiples y variopintos, pero se dividen en dos evidentes grupos sociales: los señores y el pueblo ignorante que se somete a ellos. La codicia, las ansias de poder, el odio o la venganza marcarán las conductas de muchos de ellos, mientras Carlos Deza destaca por su carencia de expectativas y deseos. Algunos están dibujados con trazos planos y evidentes, mientras otros van moldeándose y girando con la propia trama.
El orvallo golpea cada página de la trilogía, donde escasamente brilla el sol. Se escucha el golpeteo del agua contra los cristales, el impacto de las zocas sobre las piedras del camino para evitar los charcos y el rugido del mar que amenaza la costa. En ese ambiente húmedo se encienden las ansias y los corazones mientras estalla la tormenta social y política.
Aunque el primer volumen obtuvo el Premio de Novela Juan March cuando Torrente Ballester se planteaba abandonar la ficción, su impacto literario fue modesto. Sin embargo, las sucesivas entregas aumentaron su valor. La adaptación de Jesús Navascués para serie de Televisión Española en 1982, dirigida por Rafael Moreno Alba, popularizó una historia que se ha convertido en una de las mejores obras españolas del siglo XX.
Los gozos y las sombras hace honor a su título y es, sin duda, un disfrute para el lector ávido de encontrar una pluma hábil en desarrollar tramas y perfiles humanos que conduzcan no solo al entretenimiento sino a la reflexión y el despertar de la conciencia.

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