viernes, 14 de octubre de 2016

«¡Oh tela delicada, / antes de tiempo dada / a los agudos filos de la muerte!»

     El 14 de octubre de 1536 fallecía en Niza el poeta castellano Garcilaso de la Vega.
     Había acompañado al emperador Carlos I en su campaña militar francesa para recuperar el favor real, pues habían surgido desavenencias entre ellos al haber acudido Garcilaso a la boda de un sobrino suyo, enemigo de la Corona, un año después de haber acompañado al emperador en su coronación en Bolonia en 1530. A consecuencia de ello, fue castigado con el destierro en la isla de Schut en el Danubio. A finales de 1532 abandonó el Danubio y continuó su destierro en Nápoles, última residencia que se le conoce al vate castellano. Durante la campaña de Provenza, en la que formaba parte del ejército español, Garcilaso, ante la vista del emperador y para impresionarlo, decide marchar a la vanguardia de las tropas para tomar por asalto una fortaleza francesa. Mientras asciende por las paredes exteriores de la torre de Le Muy con una escala, recibe el impacto de un pedrusco en la testa, que lo derriba y lo deja descalabrado. Fue trasladado a Niza para intentar sanar sus heridas, mas por su cabeza no sólo manó la sangre, sino su vida hasta que exhaló su último aliento.
      A pesar de que tenemos certeza del día de su muerte, los historiadores no se ponen de acuerdo con el año de nacimiento de Garcilaso, y oscilan entre 1496 y 1501 para situar su llegada al mundo. Lo que sí es cierto es que nació en Toledo y que pertenecía a una familia noble. Ello propició que fuera caballero de Carlos I y del Duque de Alba, a quienes acompañó como guerrero y embajador en sus viajes por España, Italia y Francia.
     Pese a que se casó en 1525 con doña Elena de Zúñiga, dama al servicio de doña Leonor de Austria, que moriría en 1534 tras haber parido cinco hijos, los versos de amor cortés que compuso el poeta no van dirigidos a la que fuera su esposa. Según unos documentos exhumados en 1998 por María del Carmen Vaquero Serrano, Garcilaso mantuvo una relación amorosa con otra mujer, doña Guiomar Carrillo, que se inició antes del matrimonio de éste, duró muchos años, y que, en palabras de doña Guiomar, fue muy intensa "por el mucho amor que yo tuve al dicho Garcilaso". De esa relación nacería un hijo ilegítimo, llamado don Lorenzo, a quien el poeta citó en su testamento. De todo ello se deduce, además, que la figura femenina que inspiraba todos sus textos no fue tampoco la tan nombrada Isabel Freyre, dama portuguesa de la emperatriz Isabel, sino que parte de ellos fueron dedicados a doña Guiomar Carrillo.
    Sus viajes por los diversos países y su estancia en Nápoles, propiciaron el acercamiento de Garcilaso a la poesía italianista, que tan en boga se hallaba en ese momento. Además, el encuentro en Granada en 1526 entre Juan Boscán, amigo del poeta castellano, y el embajador Andrea Navagero, animaron a aquél a emplear el soneto y utilizar los temas del Renacimiento italiano.
     Su breve obra se compone de una epístola dirigida a su amigo Juan Boscán, dos elegías (una dedicada al hijo del Duque de Alba y otra a Isabel Freyre), tres églogas (poemas de carácter pastoril), cinco canciones, treinta y ocho sonetos y algunas piezas escritas en métrica tradicional española. Ninguno de estos textos vio la luz en vida del escritor. Fue su amigo Juan Boscán quien los publicó en 1543 junto a sus propia producción poética bajo el título Las obras de Juan Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega. El éxito de los versos del malogrado poeta fue tal, que en 1569 se editó un tomo que contenía sólo la obra de Garcilaso. De hecho, es Garcilaso de la Vega a quien se considera modelo del caballero renacentista, hombre de armas y hombre de letras. Sus versos aun hoy deleitan a sus lectores.



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