El hombre que amaba a los perros es una novela del escritor cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955) publicada por Tusquets en su colección andanzas en septiembre de 2009. Aunque trabajó como periodista, guionista y crítico, es conocido sobre todo por sus novelas policiacas protagonizadas por el detective Mario Conde, por las que ha recibido varios premios literarios.
Dividida en tres partes, esta novela está escrita en tercera persona sobre tres espacios y tiempos aparentemente inconexos que se van trenzando sucesivamente en los capítulos de cada bloque hasta alcanzar un fin común. Los personajes que ocupan esta tríada de narraciones son distintos hasta que un hilo narrativo los une, además del común amor de los protagonistas por los perros.
El libro empieza con un deceso en La Habana en 2004 y termina con un réquiem en la misma ciudad un tiempo después. En este nivel conocemos la historia de Iván, un escritor cubano frustrado que intenta sobrevivir al paso del tiempo y la miseria y que relata, en saltos hacia el pasado, cómo conoció en 1977 en una playa a un hombre que paseaba a dos borsoi y con quien entablará una curiosa amistad.
En el segundo capítulo nos trasladamos a las estepas heladas del Kirguistán en 1929 para seguir los pasos del exilio de Liev Davídovich Trotski tras haber caído en desgracia y ser defenestrado por Stalin. En esta parte de la trama viajaremos a Turquía (donde consigue llevar a su perra Maya), Francia, Noruega y, por último, a México acompañando del líder bolchevique, quien se ve obligado a cambiar de residencia por el acoso que sufre de sus perseguidores. No solo conoceremos sus problemas familiares sino que, a la par, sus conversaciones, cartas y discursos dan parte de las atrocidades cometidas por el líder soviético durante los años de limpieza ideológica dentro del país, en el que no solo acabó con la vida de más de cuarenta mil cargos militares, sino también de políticos y familiares por los que no sentía ninguna piedad. Este hilo narrativo concluye con la muerte de su protagonista.
El tercer nivel narrativo se ubica en España al inicio de la Guerra Civil, cuando aún está todo por decidir y la URSS ofrece ayuda a cambio de favores. La izquierda republicana está muy dividida y las desavenencias entre comunistas, anarquistas, trotskistas, socialistas y demás tendencias provoca la decadencia de un bloque que se derrota a sí mismo. El protagonista de esta parte será Ramón Mercader, un joven catalán a quien los servicios secretos soviéticos reclutarán con un objetivo último: acabar con su mayor enemigo.
En las más de quinientas páginas que componen la obra subyace una base histórica que Padura rellena con su maestría literaria en los diálogos, pensamientos y emociones de los personajes. Los seres reales se relacionan con entes de ficción para dar forma a un relato extenso y engarzan una historia del pasado para arrastrarla hasta el presente. Lo importante no es el qué ni el quién, sino el cómo y los porqués que se ocultan tras el magnicidio del revolucionario marxista.
Más allá del relato histórico se encuentra la vida, lo humano de cada unos de los que protagonizaron los hechos y cómo vivieron esos años de incógnita, miedo y esperanza por alcanzar un objetivo que diera sentido a su existencia, cada cual a su manera. Los personajes toman forma en el papel y rellenan su consistencia humana con el soplo de vida que les insufla Padura en cada línea.
En el libro, además, se resalta la importancia del relato, de contar los hechos, de dejarlo todo escrito como memoria indeleble de la realidad que, por efímera, desaparece y que puede ser tergiversada por otros. Antes de que esta sea domeñada, hay que dejar testimonio gráfico de la palabra, pues dicha volará con el viento.
Esta es una de esas novelas que hay que desgranar con tranquilidad y conciencia de lo leído para deleitarse no solo por los hechos, sino por el arte literario que esgrime Leonardo Padura con su pluma.

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