Afirmaba Wittgenstein en su Tractatus Logico-Philosophicus que los límites de su lenguaje eran los límites de su mundo, máxima con la que reflexionaba sobre la relación del individuo con la realidad. Sin contradecir al filósofo, Elena sabe que los límites de su mundo son los límites de sus movimientos, que la condicionan, la restringen y le impiden afrontar una vida digna.